Madrid
marzo 26, 2026

consejos para un buen divorcio

 1.º EL DIVORCIO ES ALGO MÁS QUE UN PROCESO LEGAL. 

Toda ruptura familiar conlleva, además de un proceso legal, un proceso emocional, personal y psicológico, que viven tanto los adultos como los hijos de la pareja. El Juez y la mayor parte de los abogados sólo te resolverán las cuestiones legales, pero no las emocionales y afectivas. A veces puede ser de gran ayuda hablar (desahogarte) con una persona que hasta ese momento no ha pertenecido a tu círculo de amistades. El abogado puede escucharte, aconsejarte y apoyarte antes y después del proceso judicial.

2.º EL PROBLEMA NO ES EL DIVORCIO, SINO EL «MAL DIVORCIO». 

La ruptura de la relación entre la pareja no debería ser perjudicial para los hijos. Es la mala manera de desarrollar esa ruptura de pareja lo que acarrea consecuencias negativas para los niños. Los hijos pueden superar la situación si los padres cooperan entre sí.

3.ºDE COMÚN ACUERDO TODOS GANAN. 

Las rupturas familiares en las que no existe acuerdo se centran en las críticas mutuas que aumentan las tensiones entre los padres y demás miembros del núcleo familiar, pues se basan en la búsqueda de un culpable. En cambio, las rupturas de mutuo acuerdo favorecen el clima de diálogo entre los padres y generan un ambiente más favorable a las relaciones de los hijos con estos, pues miran al futuro, facilitando que cada uno asuma mejor su nueva situación.

4.º SE SEPARAN LOS PADRES, NO LOS HIJOS.

La separación, el divorcio o la ruptura de una pareja de hecho supone la desaparición de un vínculo entre los adultos, iniciándose otro tipo de relación familiar entre padres-madres e hijos. Procura que tus hijos mantengan una buena relación con el otro progenitor.

5.º LA SEPARACIÓN NO SUPONE LA PÉRDIDA DE NINGUNO DE LOS PROGENITORES. 

Los dos, a ser posible conjuntamente, deberíais explicar a vuestros hijos, de manera que puedan entenderlo, que os vais a separar o a divorciar. Mi consejo es que no alentéis falsas expectativas de reconciliación. Lo importante es asegurar a vuestros hijos que seguirán siendo queridos, que vean con claridad que ellos no son culpables de nada y que los dos vais a seguir ocupándoos de sus vidas.

6.º LOS HIJOS NO SON PROPIEDAD EXCLUSIVA DEL PADRE O DE LA MADRE. 

Aunque se haya conferido la guarda y custodia de los menores a uno solo de los progenitores, ambos continúan siendo imprescindibles para el crecimiento y maduración de los hijos, y la ausencia de cualquiera de ellos supone la falta de un soporte afectivo fundamental para su desarrollo. Las actitudes de «posesión» sobre los hijos que excluyen al otro progenitor perjudican gravemente a los menores. Han de evitarse también actitudes que impliquen despreciar, minusvalorar o desautorizar al otro progenitor.

7.º EL DIVORCIO NO PONE FIN A LAS OBLIGACIONES COMPARTIDAS CON RESPECTO A LOS HIJOS. 

Tras el divorcio el padre y la madre deben seguir manteniendo un diálogo lo más fluido posible sobre todas las cuestiones que afecten a los hijos. El cuidado diario de los menores requiere una organización y distribución de tiempo y, aunque el ejercicio de la guarda y custodia lo lleve a cabo principalmente uno de los progenitores, ambos continúan siendo responsables al compartir la patria potestad. Ello significa que como padres tienen la obligación de consultarse y comunicarse de manera honesta, fluida, abierta y regular las decisiones importantes en relación con la educación, desarrollo físico, intelectual, afectivo-emocional de sus hijos. Deben evitarse las discrepancias y contradicciones educativas para no caer en chantajes emocionales, alianzas y manipulaciones de los hijos.

8.º LO IMPORTANTE ES LA CALIDAD DE LA RELACIÓN CON LOS HIJOS.

La relación de los hijos con el progenitor con el que no conviven habitualmente ha de ser periódica, constante y gratificante. Es un derecho de tu hijo. La obstaculización, interrupción e inconstancia en el régimen de relaciones repercute negativamente en la estabilidad emocional de los hijos y les genera graves perjuicios psicológicos.

9.º NO UTILIZAR A LOS HIJOS.

Aunque la relación de los adultos o su ruptura haya sido extremadamente dificultosa a nivel emocional, se debe dar prioridad a las necesidades de los hijos. No utilices a tus hijos en el conflicto que te pueda enfrentar con tu cónyuge o pareja, ni canalices a través de los menores las tensiones que la ruptura te puede estar generando.

10.ºFACILITAR LA ADAPTACIÓN DEL MENOR A LAS NUEVAS PAREJAS. 

Es frecuente que tras la ruptura uno o ambos progenitores rehagan su vida sentimental con otra persona. La introducción de esa tercera persona en la vida de los hijos ha de hacerse con tacto, y progresivamente, a ser posible cuando la relación esté suficientemente consolidada. Debe dejarse bien claro al niño que ello no supone renunciar a su padre y/o madre.

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