Litigios
Solo defiendo las causas justas.
Entiendo esta profesión solo como un medio de ayudar a los que ven que sus derechos de algún modo son atropellados. O sea, solo me motiva que mi cliente sea el que tiene razón.
Lo primero que tengo que hacer es escucharte. Me lo tienes que contar todo, no te puedes dejar nada sin contar. Yo tengo que escuchar y si algo no me queda claro te tengo que preguntar sobre ese punto hasta que me quede perfectamente claro. Si no tienes razón te lo diré y te aconsejaré que no vayas a juicio y que procures llegar a un acuerdo. Hoy la ley exige, antes de emprender la vía judicial, demostrar que se ha intentado la solución amistosa.
Después de escucharte con atención, te diré si, aunque la razón esté de tu lado, qué posibilidades tiene tu causa de conseguir el éxito ante los tribunales. Porque la realidad es que, lamentablemente, una causa justa a veces no puede prosperar por falta de pruebas. Mi obligación como abogado es advertirte de las posibilidades que tienes al enfrentar tu causa en un tribunal. El trabajo del abogado litigante en gran parte consiste en evaluar si un determinado cuerpo probatorio será suficiente para convencer al tribunal. Un proceso judicial se abre para demostrar a un juez que se tiene razón y esto se le demuestra con la aportación de pruebas.
Al abrir la vía judicial, tienes que estar dispuesto a no conformarte con la primera sentencia que recaiga sobre el asunto. Son muchas las sentencias que son anuladas por tribunales superiores. Lo cual demuestra solo una cosa: que los magistrados cometen errores. Como abogado litigante tengo que estar siempre atento a esos errores que los tribunales puedan cometer.
